Una paciente argentina se reencuentra en China con la esperanza
Sudamérica. Argentina. Ciudad de Buenos Aires. Fines del año 2004.
Cecilia, 34 años, deportista, técnica en óptica, madre de dos niños de 8 y 2 años respectivamente, comienza a registrar extraños síntomas en su piel. Esta ha comenzado a resecarse excesivamente, y una molesta picazón la atormenta.
La consulta dermatológica deriva en la receta de cremas humectantes y suavizantes, que no aportan ningún alivio.
Para entonces, con su esposo, de la misma edad, han decidido dar comienzo al importante proyecto de la construcción de su casa propia. Los siguientes diez meses, la convivencia con la obra y sus alternativas, de alguna forma saca de foco a las molestias que sin embargo han ido en aumento.
Las manos de Cecilia se agrietan hasta sangrar. Las lastimaduras de sus manos no cicatrizan fácilmente. Tiempo después, comienza a registrar un cierto endurecimiento en los tendones de manos y piernas. Y la piel se va oscureciendo y endureciendo cada vez más. La picazón continúa y aparecen costras cada vez más gruesas. Las consultas médicas siguen sin dar ningún alerta. A un año ya de haber aparecido los primeros síntomas, y con ganglios inflamados en las ingles, además de comenzar a registrar una creciente debilidad general, agitación ante cualquier esfuerzo, hinchazón dolorosa de pies y manos, y una creciente falta de apetito, que pronto se traduce en la paulatina pérdida de hasta 6 kilogramos de peso, acude nuevamente a consulta con un nuevo especialista en dermatología.
Tras exhaustivos estudios de toda índole -incluso una biopsia cuyo resultado deben aguardar un mes- Cecilia y su esposo escuchan entonces, por primera vez en su vida y en tono de presunción por parte del médico, la palabra esclerodermia.
La información encontrada al respecto en Internet alarma a toda la familia. Se suceden las consultas con otros especialistas. A través de la Asociación Argentina de Esclerodermia se llega al médico más reconocido en el país para el tratamiento de la enfermedad, que confirma la presunción inicial, pero las dudas continúan. Las interconsultas generan más incertidumbre. Mientras tanto, Cecilia desmejora rápidamente. Nadie da importancia a su debilidad creciente, ni a su adelgazamiento pronunciado. El especialista en esclerodermia le indica la toma de unos comprimidos de Penicilamina 250mg. Según él ése es el único medicamento que existe en el país y es el mismo que se utiliza en Europa y Estados Unidos para el tratamiento de esta enfermedad aunque, aclara, sus efectos secundarios rápidamente se harán sentir dañando los riñones. Y los despide dando a entender que eso es todo lo que puede hacerse..
Cecilia ha jugado ya un último partido con sus compañeras de tantos años del Seleccionado Argentino de Sosftball. La casa recién terminada se queda sin su fiesta de inauguración.
Pero entonces, desde Shanghai, China, donde reside temporalmente el hermano mayor de su esposo, llegan noticias importantes. A poco de conocer el diagnóstico de su cuñada, él ha pedido a sus numerosos amigos chinos que busquen información al respecto en centros de salud de este país. Y desde distintas fuentes médicas de China, la indicación coincide: recurran al Yling Hospital de Shijiaz Huang. Se contacta entonces con el Director del Hospital, Dr. Zhang Qinchang y le expone el caso. De inmediato, el facultativo pide copia de los estudios realizados en Buenos Aires, y fotografías de la enferma. En 24 hs. llega a la Argentina la confirmación del diagnóstico, y el ofrecimiento de un tratamiento que no sólo puede detener el proceso sino que incluso -como las estadísticas del Yling Hospital lo demuestran- en algunos casos curar la enfermedad. El doctor pide celeridad en la decisión, ya que cuanto antes se proceda al tratamiento, mayores serán las posibilidades de alivio o remisión.
¡China! ¡El otro lado del mundo! La decisión no es fácil, pero se toma rápidamente. El grupo familiar: Cecilia y Hernán, su esposo, sus dos hijos y la abuela paterna para cuidar de estos últimos, se aprestan para el viaje. No es fácil conseguir los pasajes, y ahora que una luz ha aparecido en el camino, todo urge. Las visas de turista son exiguas para el tratamiento inicial de tres meses, pero a las 24 hs. de haber hecho llegar al Dr. Zhang Qinchang la decisión tomada, la invitación del Yling Hospital para que la paciente y su familia puedan acceder a una estancia prolongada es presentada en la Embajada de la R.P. de China en Buenos Aires, y la visa es extendida. Abrazados por las expectativas y los buenos deseos de familiares y amigos, el grupo parte.
Tras un extenso y fatigoso viaje, se arriba a Shanghai, donde el hermano de Hernán tiene todo dispuesto: los pasajes aéreos a Shijiaz Huang, la reserva de hotel, la imprescindible y casi inhallable traductora (la única persona que pudo encontrarse en la ciudad que hablara el idioma local y español), y hasta la camioneta para que esperara a los viajeros en el aeropuerto.
Al día siguiente, los dos hermanos y Cecilia se trasladan al Yling Hospital, donde se entrevistan con el Dr. Zhan Qinchang, quien revisa a la enferma, indica estudios, y la pone en manos de quien lo secundará en el tratamiento, el Dr. Guo Gang. Inicialmente, se había considerado la internación de Cecilia durante los tres meses iniciales del proceso, pero los doctores evalúan que no es imprescindible, y se opta entonces por el tratamiento ambulatorio.
Cecilia ha llegado a Shijiaz Huang, según sus propias palabras, “con el último aliento”. El viaje ha agotado sus escasas fuerzas. Al día siguiente se presenta en el Hospital con su esposo y comienza la administración de medicamentos por vía oral y endovenosa, para el tratamiento de la esclerodermia, además de baños de inmersión diarios con hierbas curativas, para el ablandamiento de la piel, que en algunas partes del cuerpo ya hace rato es imposible pellizcar, tan rígida y gruesa está. Y entonces, como resultado de un “simple” análisis de sangre -tantos le habían sido realizados en Buenos Aires desde meses atrás sin haberse encontrado nada al respecto- se detecta que una segunda enfermedad (polimiositis, asociada frecuentemente con la esclerodermia) estaba atacando a sus músculos, y era ésta la responsable de la debilidad extrema que aquejaba a la paciente.
La inicial consternación es aliviada por los Drs, quienes explican que al coexistir ambas enfermedades, cada una, para prevalecer, debilita a la otra, lo que mejora las posibilidades de buena respuesta a la medicación que se le administrará para combatir a ambas.
También por vía endovenosa, se suma la medicación para la polimiositis. Es de destacar que tanto esta enfermedad como su tratamiento son conocidos en occidente y por ende en Argentina, donde ningún médico de cuantos vieron entonces a la enferma sospechó siquiera su existencia, ya que no daban importancia a su insistencia acerca de la debilidad creciente que sentía y a la paulatina pérdida de peso (6 kilogramos en una persona cuyo peso normal es de 56 kg.).
La rapidez del diagnóstico y la ágil respuesta tanto en la indicación de estudios como en la obtención de sus resultados, así como la continua alteración de la combinatoria de medicamentos según la reacción del organismo de la paciente, controlada por análisis de sangre, sorprendía a Cecilia y a su esposo, en comparación con la lentitud, las indecisiones y las dificultades para diagnosticar, en este caso, de los médicos del país de origen.
En pocos días, la recuperación inicial de Cecilia fue asombrosa.
Por dar un dato, en el primer análisis de sangre que se le realiza en el Yling Hospital, una enzima, cuyo valor normal es hasta 195, da como resultado ¡3.548! Unas semanas después, en el siguiente análisis, el valor inicial ha descendido a 715. En el siguiente estudio, el valor es de 560.
Vuelve a reaparecer su apetito. Aunque se le indica que la administración del medicamento para la polimiositis va a generar esa mayor demanda de alimento, cuando la misma finaliza, continúa comiendo con normalidad. Antes del primer mes de tratamiento, ya ha recuperado un kilogramo de los seis perdidos en los meses anteriores. Los ganglios de sus ingles, que se habían inflamado hasta el tamaño de un puño, se han normalizado. Sus fuerzas han comenzado a volver. Puede subir escaleras sin agitarse. ¡Puede levantar en brazos a su hijo de tres años! Los cambios a nivel piel son notables. Rápidamente comienza a elastizarse nuevamente. Las costras desaparecen y la descamación es abundante. En muchas partes afectadas (ver fotografías), las manchas van achicándose y el color natural reaparece.
Pasado el primer mes de tratamiento, los baños de inmersión pasan a ser indicados en días alternados. Como se le había advertido, ahora el proceso es más lento que al principio, pero se mantiene constante la mejoría.
¿Qué decir de los médicos, las enfermeras y hasta el personal auxiliar del Yiling Hospital?
Excelentes profesionales, atentas y prestísimas enfermeras, y cordial acompañamiento de los demás, lo que pese a las dificultades que implica el respectivo desconocimiento de los idiomas, ha permitido verdaderos lazos de cariñosa amistad y mutuo respeto.
¿Y de la medicina china, tanto de la tradicional como de la moderna? Que es verdaderamente espectacular su combinación casi artística, ya que aquí se las entremezcla con maestría, obteniendo el mejor de los resultados posibles. Es como si la tradicional, eficaz pero más lenta, atemperara la agresividad de la moderna, sin amenguar sus beneficios.
¿El asombro de este grupo de extranjeros que desde el otro lado del mundo ha llegado a Shijiaz Huang en busca de alivio para una enfermedad que en el resto del mundo se considera invencible todavía? Que no se sepa más de esta posibilidad que tan eventualmente ellos han llegado a tener, que haya tanta gente enferma de esclerodermia en todos los países, que crea que nada puede hacerse por mejorar su situación, y hasta en muchos casos curarse, y continúen tomando medicamentos que les dan un pobre paliativo a cambio de afectarles gravemente otros órganos.
¿Y qué piensan hacer Cecilia y sus familiares al respecto? Pues a través del consulado argentino en Shanghai, hacer llegar noticia a su país de que aquí está el Yiling Hospital, y los Drs Zhang Qinchang y Guo Gang y todos sus colaboradores, para que quienes están sufriendo lo que ella busquen la manera de llegar, y que se intente que los médicos de allá se contacten con sus colegas de China, para aprender más sobre esta y otras enfermedades, para que tengan la misma oportunidad de encontrar alivio para tan penoso males.
Actualmente, Cecilia se acerca a la culminación del segundo mes de tratamiento. Ni ella misma puede creer lo que ve al observar las fotografías de su cuerpo en el mes de julio del año anterior y las actuales. Los médicos se muestran muy conformes con su proceso de recuperación. Consideran que todo va según lo previsto, y que muy posiblemente al cumplirse los tres meses, tal cual se le anticipara, Cecilia podrá volver a su país, para continuar con el tratamiento de medicación vía oral durante un plazo estimado en dos años, con grandes expectativas de mejoramiento y hasta de cura.

